Artículo sobre la Listeria en el Diario de León. Elías F. Rodríguez Ferri. (Academia de Ciencias Veterinarias CyL)

Que la listeria no pase a histeria

Los medios de comunicación se están haciendo eco, estos días, de un brote de listeriosis que comenzó en Sevilla y se ha difundido ya por otras provincias con un balance que supera el centenar de afectados y al que se atribuye también un fallecimiento. Se ha implicado un lote de «carne mechada». Recuperando una frase que se hizo famosa en EE UU allá por los años 90, no conviene caer en la «histeria de listeria» porque, los agentes responsables son bien conocidos por los sanitarios (médicos y veterinarios). El género listeria, que tiene como especie principal a listeria monocytogenes, la única de las 20 admitidas que produce enfermedad en los animales y el hombre (la otra patógena, L. ivanovii, afecta solo a las ovejas, aunque un caso de un paciente trasplantado, con gastroenteritis y bacteriemia. El resto son apatógenas).

Se consideran microorganismos muy ubicuos, que se aíslan de muchos animales (de muchos, la gran mayoría, sin producir enfermedad alguna), incluyendo aves y pescados, y también del ambiente, en el que poseen gran resistencia. L. monocytogenes produce en los rumiantes, especialmente en las ovejas, los de más interés, cuadros de abortos y meningitis y se elimina en las heces, desde la bilis, a la que es resistente. Desde allí, directa o indirectamente, contamina terrenos de cultivo, de verduras y hortalizas, etc., y puede pasar durante la producción a la cadena alimentaria en carne, leche, y derivados. Incluso se han descrito brotes por otros productos contaminados como apio, melón, frutas de pepita, manzanas acarameladas y helados, siempre con orígenes muy variados en la fuente de infección, incluso las instalaciones y la maquinaria utilizada en su procesado.

L. monocytogenes es un microorganismo patógeno, escasamente virulento, que exige dosis infecciosas altas y pacientes «de grupos de riesgo», individuos que de forma natural (por ej., el embarazo en la mujer) o debido al padecimiento de alguna enfermedad concurrente inmunodepresora (enfermos crónicos, diabetes, cirrosis, cáncer, trasplantados, tuberculosis, etc) o simplemente como consecuencia de la edad extrema (recién nacidos o ancianos), desarrollan la enfermedad, que puede ser grave, incluso mortal, si no se trata.

Entendemos bien que, en esta sociedad moderna, tan tecnificada, un fallo en algún punto de la cadena alimentaria, puede suponer el riesgo de aparición de numerosos casos de enfermedad, como es el que nos ocupa, pues los lotes, en general de cierto tamño, se distribuyen con rapidez en las cadenas de alimentación y llegan a muchos consumidores. Sin embargo, la ley y los encargados de vigilar su cumplimiento velan permanentemente porque las situaciones de riesgo no se produzcan o sean excepcionales. El libro Blanco de Seguridad Alimentaria, aprobado en el año 2000 y su desarrollo en el denominado «paquete de higiene», con la Autoridad Alimentaria Europea y las Agencias nacionales de Seguridad Alimentaria, establecieron principios de co-responsabilidad en todos los eslabones de la cadena alimentaria, sistemas de vigilancia de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control, igual que el etiquetado obligatorio y un sistema de trazabilidad que permite un sistema de vigilancia permanente que reduce a la mínima expresión los riesgos.

En España, en la Facultad de Veterinaria de León, en la Academia de Ciencias Veterinarias de Castilla y León, existen excelentes expertos en el conocimiento de Listeria monocytógenes y su conexión con los alimentos. En 1992, en colaboración con el entonces Ministerio de Sanidad y Consumo, se celebró en León una Conferencia-Consenso sobre Listeria en Alimentos que tuvo gran repercusión internacional. Más recientemente, en la convocatoria anual de Premios de la Academia correspondiente a 2018, fue premiado el trabajo titulado Listeria monocytogenes en platos preparados, presentado por el Dr. D. Alberto Portela, como se ve, una excelente muestra del trabajo callado de los Veterinarios en relación con la función sanitaria de inspección de alimentos, a cuya competencia nos entregamos y confiamos.

FUENTE: Diario de León

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